5 mar. 2012



¿Por qué no acudes a mi llamada?
¿Dónde está el cobijo al que retornaba?
¿Por qué ya no curas mis heridas del alma?
¿Por qué no te encuentro cuando todo es batalla,
encerrándome en mi guerra interna
vomitada de patrañas
con cuchillos que acarician
y caricias que maltratan?

Dime, porqué no escuchas mis palabras,
porqué tu blanco no cambia,
ya no escupes mi rabia
ni secas mis lágrimas
y me observas impasible
como si nada pasara.


1 comentario:

  1. Tantas preguntas sin respuestas...
    Cuando desaparece esa sensación de apego ya todo son palabras vanas.

    Besos, Iria.

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